lunes, 3 de agosto de 2020

UN PADRE DE LA PATRIA

EL CANDIDATO

Como cualquier persona normal, tengo una cuenta de ahorros en un banco español, y algún dinerito en casa, porsia. Aunque alguna autoridad pudiera acceder a mi cuenta de ahorros, ¿podrían saber qué cantidad guardo en algún lugar donde vivo, o quizás en mi bolsillo o en mi portafolios de forma permanente? Claro que no. Entonces, es una tontería eso de que los señores diputados "declaren" su patrimonio en efectivo, o sea, en dinero, por la misma razón de que nadie podrá saber cuánto dinero guardan en sus residencias. Por tanto, no voy a referirme al dinero que tiene o que puede tener EL CANDIDATO, pues creo que, aparte del mismo, no lo sabe ni Dios.

EL CANDIDATO ha declarado, como los demás, su patrimonio, y el pueblo que ha visto esa declaración en la prensa tiene, ¡qué remedio!, que creerse (una vez más) lo que dicen los políticos, aunque la mayoría sabe que los políticos nunca dicen la verdad. No son tan tontos. Pues analizando las escasísimas posibilidades que tiene EL CANDIDATO para ganar las elecciones y tomar el poder, me he puesto a pensar que esa creencia que tienen los del Partido Popular de que ya tienen el triunfo asegurado corre el riesgo de enfrentarse a una sorpresa, porque EL CANDIDATO ya ha dado muestras de lo que sabe y es capaz de hacer: no hay más que recordar, entre otras cosas, su actuación en marzo de 2004, en que gracias a su inteligencia sobrenatural llevó al poder al que será recordado como el mal mayor en la presidencia del gobierno de España, o sea: José Luis Rodríguez Zapatero. Si a alguien tiene Rodríguez que agradecerle el haber permanecido casi ocho años maltratando a este país, es al CANDIDATO, que ahora, sin estar en el gobierno, es quien gobierna en realidad.

Me gustaría pensar que EL CANDIDATO es un demócrata respetuoso de las leyes de la democracia, pero su actuación en marzo de 2004 dice lo contrario, su actuación durante el gobierno de los GAL dice lo contrario, su actuación en el caso FAISAN dice lo contrario, y así sucesivamente, este hombre de apellido Pérez ha demostrado su poco respeto por la democracia. De ahí que cabe esperar que, sabiendo que no va a ganar las elecciones democráticamente, esté planeando (o pueda planear) alguna fórmula mágica para lograr que el voto hacia el Partido Popular se vuelva en contra, como sucedió en marzo de 2004. Son suposiciones, pero de una persona de esa característica puede esperarse cualquier cosa.

Y cuando digo cualquier cosa quiero decir cualquier cosa, desde preparar alguna acción que cambie la asistencia (o la votación) a las urnas el día de las elecciones, hasta utilizar a “sus muchachos” del 15-M (los llamados indignados) para intentar lograr una especie de “pucherazo” como se conoce este tipo de acciones en la América Latina, tan acostumbrada a ellas. Miren su última gracia: instando al gobierno de Cataluña a que “se cague” (y perdonen la grosería) en la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la enseñanza también en Castellano en las escuelas. O sea, que no respeta ni a la democracia ni a las leyes, sobre todo cuando no le conviene respetarlas. Y me pregunto: España está mal, pero ¿cómo estaría con semejante personaje como Presidente del Gobierno? A ver quién me responde.

Pero en fin, que si esto sucediera, ¿qué haría la falsa oposición? ¿Qué harían los periodistas españoles, los medios de información, los sindicatos, las “clases vivas”, las instituciones aparentemente democráticas, etc.? Pues nada. Lo mismo que hicieron en marzo de 2004: ¡nada! Y mientras, el supuestlo seguro vencedor de los comicios, el Partido Popular (que tampoco es la novena maravilla del mundo ni mucho menos), se solaza, echado en la tumbona de la espera, convencido, tontamente, de que EL CANDIDATO es un adversario demócrata, digno de perder las elecciones, incluso con la consabida, deseada y soñada mayoría absoluta.

Ojalá me equivoque, pero las próximas elecciones sin dudas que se desarrollarán en un ambiente calientico. A pesar de que se celebrarán ya avanzado el otoño. Y en caso de que el Partido Popular las ganara, no quiero ni pensar a qué tendría que enfrentarse tan pronto se hiciera cargo del poder...

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

elcuiclo.blogspot.com.es

(publicado el 21 de septiembre de 2011 en La Envolvencia)

lunes, 27 de julio de 2020

¡ESOS MININOS!

ISABEL Y LOS GATOS

Los gatos son animales ariscos que generalmente huyen cuando alguien se les acerca. Sólo aceptan y buscan la compañía humana cuando pertenecen a esa compañía, o sea, viven en una casa y se compenetran con el dueño o con los dueños de la misma, e incluso a veces saltan sobre sus regazos para acurrucarse sin ningún tipo de miedo o desconfianza. Pues bien, esos gatos, cuando Isabel (una de sus ángeles guardianes) se acerca y pega un grito en el muro que da al patio de tierra, una especie de ¡holaaaaa! protagonizan un espectáculo: los 30 gatos corren hacia ella y se le pegan a las piernas, la olisquean, ronronean, porque saben que ella trae su alimento, mientras yo disfruto mirándolos con una sonrisa, asomado a la ventana de mi habitación, cosa que casi nunca hago.

En el patio de la basílica de San Francisco El Grande viven nada menos que 32 gatos, que disfrutan del espacio a plenitud, porque ese espacio no se usa nunca para nada, y en él los gatos merodean día y noche como si estuvieran en un bosque hecho por la propia Naturaleza especialmente para ellos. Algunas tardes entra una señora (realmente no sé cómo, pues para entrar hay que trepar por una cerca de metal cerrada siempre) que suele atenderlos, o sea: les trae algo de comer, les limpia sus “casas” donde se guarecen cuando llueve o nieva, les arregla los lugares donde les echa la comida, y algunas otras cosillas para que se sientan cómodos y dueños absolutos del sitio. Pero la que se ocupa realmente de alimentarlos es Isabel, que siempre llega cargada de cacharros con los alimentos que los gatos saben que ella trae. Y así comienza el espectáculo.

Isabel es una señora mayor que vive sola en el edificio donde vivo. De baja estatura, viste muy sobriamente, siempre saluda, y su sonrisa la regala a todo el que le pasa por el lado, sin escatimar diferencias que parece que ella no distingue. Una vez me dijo en un autobús en el que coincidimos por casualidad:

--El mundo sería más feliz si todos nos tratásemos como amigos... pero por desgracia, hay personas que no piensan así.

Y me quedé pensando cuánta razón tenía. Después de ese encuentro breve y sustancioso sobre ruedas, algunas tardes me asomo a la hora en que más o menos sé que Isabel llegará con la comida que sus amigos los gatos “de raza”, dice ella, la estén esperando para acercarse como siempre, con sus mimos, olvidándose de lo ariscos que suelen ser con casi todo el mundo. Mirando a Isabel pienso que ella es feliz al poder hacer el bien, y que si es así con los gatos, me imagino que será todo un cielo con los seres humanos que la necesiten. Y también siento lo mismo, que esta humanidad que tan disipadamente vive, sería mucho más feliz si todos fuéramos amigos y nos olvidáramos de las discordias estúpidas por la ideología, la política asquerosa, la religión, los puntos de vista y los gustos de cada cual, las costumbres, y todo lo que en alguna medida, para mentes cerradas, puede separar y enemistar a los seres humanos.

Isabel es una mujer de una época más avanzada que ojalá llegue a La Tierra alguna vez. Porque por personas como ella vale la pena seguir viviendo, y seguir luchando para que nuestros congéneres reciban una sonrisa y no una virada de ojos...

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

elcuiclo.blogspot.com.es

(publicado el 17 de septiembre de 2011 en La Envolvencia)

lunes, 20 de julio de 2020

¡APURATE, QUE SE TE VA!

LOS DESESPERADOS

En España (puede que en todo el mundo) hay un tipo de personas que por sus características se ha convertido en un tipo de personajes: los desesperados. Son muy amplias sus manifestaciones y sus maneras de identificarse, pero quizás por eso mismo pueden distinguirse a simple vista, si uno es observador, como es el caso, y se para o se sienta en un espacio público a observarlos. Créanme, siempre resultan interesantes, aunque sólo (y esa es su limitación para el ocio) en la primera vez, ya que cuando se les conoce ya se sabe lo que van a hacer en cada ocasión similar. Veamos algunos ejemplos de desesperados:

Los desesperados del transporte son fáciles de reconocer: si van en el Metro, medio kilómetro antes de llegar a la estación a donde van se levantan (si están sentados), se acercan a la puerta, y con una mano manipulan el manillón como si el tren se fuera a detener antes de parar totalmente en la estación. Si van en un tren de cercanías, lo mismo: se paran, se acercan a la puerta y aprietan el botón verde de abrir antes de que el tren se haya detenido. Y en los autobuses, cuando todavía el vehículo está en la parada anterior a la suya, ya aprietan el botón del aviso de parada y se levantan, pegándose a la puerta. Son personajes interesantes, aunque no todos lo hacen por nerviosismo. Dice mi amigo Juan que muchos lo hacen porque son escasos de materia. ¿Qué habrá querido decir con eso?

En las ofertas de rebajas de muchos grandes centros, los desesperados se acomodan, sin dejar de moverse y de mirar a quienes los rodean, cerca de la puerta, y tan pronto ésta se abre, corren como perseguidos hacia adentro, sin siquiera saber bien a dónde deben dirigirse para adquirir lo que van a adquirir, que al final no será lo que necesitan, sino lo que se les ocurra una vez dentro de la tienda, mirando los nuevos precios de cualqujier artículo. En los organismos del Estado, cuando esperan su turno, los desesperados no paran de moverse, de levantarse y acercarse a la pizarra donde aparecen los números, de comentar con el vecino más próximo el calor que hace o lo que se demoran para marcar el turno. Y en las paradas ni se diga: un desesperado se muestra intranquilo, mirando su reloj constantemente, asomándose a ver si viene el autobús, registrando su cartera o su bolso, encendiendo un cigarrillo sabiendo que puede ser que venga el transporte y tenga que tirarlo con sólo dos chupadas, etc. Y cuando al fin aparece el dichoso autobús, al abordaje, antes que se vaya y me dejen, majete, que estoy con un poco de prisa, como siempre.

Y si se trata de algún turno con el médico, mejor pasarlo, porque la desesperada (en este caso supongamos que es mujer) no hace más que morderse las uñas, pararse y acercarse a la puerta de la consulta, preguntarle a la señora que tiene al lado si la doctora está dentro consultando y qué turno tiene ella, y cada vez que se abre la puerta y sale alguien, levantarse para ver si le toca, aunque sabe que todavía no le toca.

Los desesperados no caminan, casi corren en la calle, como si el tiempo les fuera a impedir llegar a donde van, siempre están nerviosos, algunos hacen gestos o muecas, otros entablan conversaciones con alguien a quien no le intreresa conversar y sólo asiente resignándose a soportar la filípica sobre el tiempo o lo cara que se ha puesto la vida, a veces se les van las cuerdas y alzan tanto la voz que alrededor se oye lo que dicen en los 500 metros cuadrados circundantes, tropiezan por su rapidez en alcanzar la otra acera sin esperar el semáforo, se disculpan con el señor a quien han dado un empujón por el apuro, no dejan salir de los vagones cuando llega el metro, a pesar del letrero y de la buena educación (me suena esa palabra), y así pasan sus días, nunca tranquilos y nunca convencidos de que la vida, por mucho que se apuren, no va a transcurrir más rápido.

Quizás si se llamaran a contar y comprendieran el refrán chino, vivirían mejor y eliminarían los estreses que seguramente padecen y el peligro de detonar enfermedades que podrían evitarse con una ración de paz y de tranquilidad, intentando vivir al ritmo de la vida moderna, que no es ni tan agitada como imaginamos ni tan pasmosa como algunos hacen que la viven.

Y no quiero hablar de los desesperados futbolísticos, que eso es una historia que merece un comentario aparte.

Hace días conocí a una señora, a la entrada del centro de especialidades a donde había acudido a practicarme una analítica de rutina, que me contó que se había levantado a las 4 de la madrugada porque ese día tenía que hacerse una similar, y desde las 4.30 estaba anclada en la puerta que sólo abrirían a las 8. La señora pensaba que sería la primera, y así se fue poblando aquella entrada. Pero cuando abrieron, parece que había otros desesperados que se abalanzaron (sic) hacia dentro, donde sacaron el turno de la máquina automática, y cuando la señora llegó arriba, resulta que le había tocado el 14... y una jovencita ligeramente vestida que llegó a las 7.56, obtuvo... el número 1. Habrá que oír a los chinos que dicen que

“si tu mal tiene cura, ¿p’a qué te apuras? Y si tu mal no tiene cura, ¿p’a qué te apuras?"

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

elcuiclo.blogspot.com.es

(publicado en La Envolvencia el 13 de septiembre de 2011)

lunes, 13 de julio de 2020

¿QUE ES EL ABURRIMIENTO?

¿ABURRIRSE? DE NINGUNA MANERA

Hace unos días leí una especie de micro relato (no sé cómo llamarlo en realidad) del periodista Alberto Martín en la edición digital de la revista TIEMPO que me motivó a escribir lo que van a leer, y espero que no se aburran ejerciendo tan noble oficio, o sea, el de lector.
Porque se trata del aburrimiento, nada menos. Tema interesante sin dudas, porque, glosando al gran nicaragüense: ¿quién que es no se ha aburrido alguna vez? En el edificio donde vivo hay una buena cantidad de personas que suelen aburrirse bastante, a diario, y al parecer a esas personas aburrirse les produce cierto placer, porque también al parecer, piensan ellos que quien se aburre casi constantemente es porque no tiene problemas que lo aturdan o porque el ocio y el llamado “arte de no hacer nada” está acorde con la edad y con el bienestar que produce sentarse en un banco a ver pasar la gente, y si no pasa gente, a mirar el espacio y recordar lo que de bueno pueda en su ya larga vida. Porque casi siempre los que se aburren son los viejos.

Uno de esos aburridos que vive en mi planta, confiesa orgulloso que duerme ¡16 horas diarias!. Comentando el asunto con Juan Maguey, en un viaje en tren hacia Navacerrada, me dijo soltando una risa que se oyó a varios asientos de distancia:

--¿Por qué duerme tanto? Hombre, si está claro: porque despierto no tiene nada que hacer.

Y me pregunto cómo es posible que alguien realmente no tenga nada que hacer. Por muy seboruco que se sea, siempre hay cosas que requieren nuestra atención, aunque sólo se trate de pasarle un paño a los zapatos o sacudir el polvo de los muebles, y si acaso ir al cine, conversar con amigos en un bar, echar una partida de dominó en el centro de mayores, pero... no tener nada que hacer...

--Bueno, Juan, pero eso parece cosa de literatura.

--Es cosa de literatura. Esos que siguen las lecciones del libro EL ARTE DE NO HACER NADA son personajes de ficción, gente vacía cuyo único sentido para seguir viviendo es ése, seguiir no haciendo nada. Pero si así son felices...

Y puede que así sean felices, aunque si analizamos a fondo la cuestión, no hacer nada es imposible: ¿cómo podría una persona estar sin hacer nada? Porque hasta cuando está durmiendo, esa persona tendría que respirar, quizás roncar, moverse en la cama, etc., y en caso de que pudiera obviar estas acciones (menos la respiración) al despertarse tendría que ponerse en movimiento, a no ser que decidiera continuar en posición horizontal todo el día. Y hasta eso sería imposible, llegaría un momento en que su propio cuerpo le pediría movimiento.

Pero para aburrirse no hace falta mucho embullo. Conozco a algunos que han convertido el banco del parque o de la plazoleta en su sitio de vivir diez y seis horas al día. Aburridos como un camello solitario en el Gobi. Otros que en su vivienda (cuando viven solos) se aburren hasta de ver la tele, y los amantes del fútbol llegan a aburrirse de ver a muchachones corriendo detrás de una pelota para darle una patada a ver si hacen un gol, que es la única jugada de ese deporte. Y también los hay que salen de sus casas sin rumbo fijo, y ya en plena calle se preguntan ¿qué hago?, ¿dónde voy?, ¿a quién busco?, y en definitivas no hacen nada, caminan, se sientan, se suben a un autobús, y dentro se aburren como bellacos, pero siempre con una sola razón ineludible: se aburren porque no tienen nada que hacer. Y señores, no tener nada que hacer es triste. Realmente muy triste, porque en la vida hay muchísimas cosas que pueden hacerse... para no aburrirse.

En fin, que junto al ensayo sobre EL ARTE DE NO HACER NADA, habría que escribir y publicar algún otro que se titulara más o menos EL ARTE DE NO ABURRIRSE, porque en estos tiempos y con la que está cayendo... vamos, que creo que no hay motivos que justifiquen el aburrimiento. ¿O sí?

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

elcuiclo.blogspot.com.es

(publicado en La Envolvencia el 9 de septiembre de 2011)

lunes, 6 de julio de 2020

MISTER BEAN ALCANZO LA CIMA

EL PRESIDENTE

El Presidente hizo una pausa, tomó un sorbo de agua, y se deleitó ante los aplausos de los cientos de personas que lo vitoreaban en el amplio salón abarrotado de sus seguidores, que todavía eran muchísimos, según los asesores que lo animaban a seguir con su mandato tras siete largos años de altas y bajas en los que el Presidente había logrado (también según sus asesores) colocar a su país a la altura de los grandes países que controlaban la marcha del mundo en este imprevisible siglo XXI.
Mientras, en su casa, uno de sus hombres de confianza leía un artículo de Manuel Cerdán en el periódico La Gaceta (considerado tabú entre los miembros de la izquierda tradicional), no haciendo caso a su televisor en el que se veía la imagen de su jefe de filas pronunciando su discurso. El artículo resaltaba algunas frases dichas por el Presidente en sus años de gobierno:

--Hoy estamos mejor que hace un año y dentro de un año estaremos mejor que hoy (sobre ETA, en diciembre de 2006, horas antes del atentado de la T-4).
--España está totalmente a salvo de la crisis financiera (agosto de 2007).
--Estamos en la Champions League de la economía (reunión con el grupo socialista, en septiembre de 2007).
--La crisis es una falacia. Puro catastrofismo (enero de 2008).
--Los parados no son parados, son personas que se han apuntado al paro (febrero de 2008).
--Es un tema opinable si hay crisis o no hay crisis (junio de 2008).
--Mientras yo sea presidente no habrá trasvase del Ebro (marzo de 2008, mitin en Zaragoza).
--Lo enunciaré de forma sencilla, pero ambiciosa: la próxima legislatura lograremos el pleno empleo en España. No lo quiero con carácter coyuntural, lo quiero definitivo (abril de 2008).
--Miente como un bellaco quien diga que hemos hecho recortes (mayo de 2011).

El hombre de confianza del Presidente, que por estar agripado no había asistido al acto, pensó que el periodista quizás tendría razón, o quizás él (el hombre de confianza), al igual que muchos otros, se estaba dando cuenta de que en realidad el Presidente no era tan tan ni muy muy como él (y muchos otros) habían creído. Levantó la vista y aguzó los oídos para seguir el discurso, que en esos momentos enardecía a la masa concentrada. Decía el Presidente que

"la tierra no pertenece a nadie, salvo al viento... y ahora estamos mejor que hace un año... ¡soy rojo!... sí, nos fuimos de Iraq por las mismas razones por las que ahora estamos en Afganistán... mi patria es la libertad... porque nación es un concepto discutido y discutible... y voy a agotar esta legislatura... rebajar impuestos es de izquierdas... ya hemos pasado a Italia y alcanzaremos y pasaremos a Francia...” y los aplausos interrumpieron nuevamente la voz llena de emoción del Presidente que volvió a tomar un sorbo del vaso con agua que había colocado en un lugar de la tribuna.

El hombre de confianza estornudó, tomó una servilleta de papel y se limpió la nariz, y siguió pensando en su jefe de filas y en que los extranjeros que estuvieran viendo y oyendo al Presidente pensarían que estaban ante un hombre que había perdido la perspectiva, o quizás que se encontraban en un paraíso donde todo marchaba sobre ruedas, esto último, atinó a deducir el hombre de confianza, lo pensaría una minoría cuyo cacumen no podía ocupar mucho espacio dentro de su cabeza. Sin embargo, decidió no atormentar más su cerebro, tomó un sorbito de café directamente de la boca de un termo que tenía en la mesita, junto al sofá, y miró nuevamente a la pantalla no tan chica, puesto que era un televisor de plasma de unos 30 y pico de pulgadas.

Cuando el Presidente terminó su discurso, el hombrfe de confianza apagó el televisor con su mando a distancia (corta distancia por cierto), y dobló el periódico, pensando con cierta dosis de generosidad que “su” Presidente quizás creía de verdad lo que decía, por lo que llamarlo mentiroso no era más que otra de las muchas calumnias de la oposición, que en realidad no era tal, puesto que sólo la hacía, y no con mucha contundencia, el segundo partido más votado en las pasadas elecciones.

“Sin dudas –se dijo el hombre de confianza, dirigiéndose a su dormitorio para echar una siesta reconfortante-- que los extranjeros eran una cosa y los nativos otra”, por lo que se sentía seguro, al fin y a pesar de los pesares, de que el Presidente volvería a ganar las elecciones generales que se efectuarían en el año 2012...

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

elcuiclo.blogspot.com.es

(publicado en La Envovencial 5 de septiembre de 2011)

lunes, 29 de junio de 2020

CUANDO EL AMOR ES AMOR

CAROL Y THERESE

De ella se ha dicho que era una mujer compleja, de carácter explosivo, atormentada y hasta perversa, antipática, maleducada, huraña, alcohólica, misógina, con relaciones de pareja siempre fracasadas y una relación tempestuosa con su madre, que la llevó a detestar a los seres humanos y enclaustrarse en su mundo literario, que nunca dejó de significar para ella toda la razón de seguir existiendo sobre la superficie de este pobre planeta que llamamos Tierra. Encantadora, ¿verdad?

Nacida en Fort Worth (Texas), vivió sus últimos años en Suiza, donde falleció a los 74 años, víctima de un cáncer probablemente provocado por su adicción al alcohol. Su verdadero nombre era Mary Patricia Plangman, pero el que la hizo famosa en una veintena de obras que la consagraron como una de las escritoras más originales y perturbadoras de la narrativa contemploránea, fue Patricia Highsmith. Maestra indiscutible de la novela de suspenso, de la cual hay que admirar su creación y olvidar, es lo mejor, su errática y desgraciada vida, porque sucede con ella y con otros grandes creadores que cuando se conocen aspectos de sus vidas privadas puede que nos caiga el desencanto hasta el punto de no comprender del todo cómo fue posible que semejantes autores (o autoras) con una vida tan disparatada, pudieran producir tan grandes obras de la literatrura universal.

Y una de esas grandes obras de la literatura universal es, de eso no tengo una mínima duda, la titulada CAROL (The price of salt), primero publicada, tras muchos esfuerzos, bajo el seudónimo de Claire Morgan, hasta que logró su ¿aceptación? editorial y entonces la firmó en segundas ediciones con su nombre literario, Patricia Highsmith.

CAROL no es en realidad una novela de suspenso, pero sí tiene ese halo misterioso que va llevando al lector a una compenetración tan íntima con las dos protagonistas, que cuando se va acercando el final de la obra se niega (el lector) a aceptar que el mismo no sea un “final feliz”, porque Cárol y Therèse, tras deleitarnos con un amor que traspasa los prejuicios y gracias a la maestría de la autora llega a ser hermoso, nos han conquistado, hasta el punto de que tras la resolución literaria a su historia nos queda una sensación de nostalgia tan intensa que nos parece recordar a dos personas reales y no a dos personajes magistralmente creados por la gran escritora norteamericana.
Porque una vez conocidas, a Carol y Therèse no pueden olvidarse: su descripción, su manera de ser, de ver las cosas, la vida y el mundo, su comportamiento, pero sobre todo, su amor, nos conquistan a medida en que vamos penetrando la historia narrada, donde no se encuentra una sola pizca de grosería ni de mal gusto: es una bella historia de amor entre dos mujeres que llegan a quererse tanto que al final, cuando Carol le plantea a Therèse que vuelva a vivir junto a ella, ésta reacciona pensando que “me quiere más que a su hija”, lo que deja un margen de interpretación al lector con el fin único –pienso-- de calibrar hasta qué punto era ese un amor verdadero, por encima del prejuicio, pero también del sexo, porque en la novela Carol y Therèse se aman como sólo pueden amarse dos personas que descubren que su relación, la una con la otra, constituye toda su razón de vivir.
Patricia Highsmith ha sido capaz de crear dos personajes tan bien diferenciados, cada uno en su mundo que sólo puede unir el amor, con su forma de hablar, de reír, de moverse, de sentir la pasión, la ternura, el cariño que une y a veces la discrepancia que amenaza separar, que durante toda la obra van creciendo ante los ojos del lector, hasta convertirse en amigas entrañables a las que se desea que sean felices y que vivan su amor porque se lo merecen, sin gotas de melodramatismo ni de ñoñerías ni de nada que huela a cursi ni a soez ni a degradante. Carol y Therèse están tan vivas como nosotros, nos conminan a aceptar su relación y nos convencen de su necesidad de amarse y de desear, por encima de todo lo demás, estar juntas, vivir juntas, compartir sus vidas sin separarse bajo ningún concepto. Novela valiente en la época en que fue escrita y publicada, cuyo planteamiento quizás haya contribuido a lograr más comprensión al derecho de los seres humanos a amar a quienes deseen y como lo deseen, venciendo al lacerante látigo de los prejuicios que todavía pululan incluso en nuestras sociedades primermundistas tan desarrolladas.

Cuando cerré el libro, tras la apasionante lectura (y está hablando un hombre heterosexual) me senti totalmente encariñado con las dos protagonistas e identificado con su amor y con su final “feliz”, cuando Therèse reacciona y al “no” anterior planteado, rectifica, dándose cuenta de que es inútil engañarse a sí misma: su vida sin Carol sería insoportable, y por eso vuelve a ella, en unas páginas cargadas de esa nostalgia de la que decía Cortázar que no puede prescindir “todo lo que se escribe hoy y que vale la pena leer”...

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

(publicada el 1 de septiembre de 2011 en La Envolvencia)

elcuiclo.blogspot.com.es

lunes, 22 de junio de 2020

CONDENADO A REPETIRLO

¿COMPARACIONES ODIOSAS?

El Ministro de Fomento de España, y Vicesecretario General del Partido Socialista Obrero  Español, don José Blanco, declaró ante las cámaras y micrófonos de nuestra flamante Televisión Española, que la visita del Papa a Madrid no representaría ningún gasto para el Estado español. Una vez finalizada esa visita, la información oficial del resultado de la JMJ, publicó que la misma y sus componentes dejaron a España €160 millones de beneficio, además de 10,000 empleos, y que sus actividades habían sido vistas por 600 millones de espectadores en todo el mundo, lo que sin dudas constituye una buena promoción de nuestro país que invita al turismo internacional, que tanta falta nos hace incrementar por la actual crisis.

Los indignados antisistema declararon que su manifestación anti religiosa no era motivada por la visita del Papa, sino por el costo de la misma para el erario público, al que curiosamente defienden con énfasis. No obstante las declaraciones del señor Blanco y las informaciones sobre los calculados beneficios que esa visita dejaría, los indignados realizaron su manifestación (y otras manifestaciones) protestando, a veces violentamente, por algo que ya no tenía ningún sentido, porque simplemente NO ERA VERDAD.

Semejante comportamiento no me extraña de una especie de organización de organizaciones de extrema izquierda que enarbola banderas republicanas y de la hoz y el martillo, ya sin ocultar sus intenciones últimas que serían no otras que el establecimiento de la III República Comunista en España. Me limito, en este caso, a reproducir opiniones de vecinos y transeúntes (publicadas en la prensa) que soportaron durante varios meses la presencia de estos grupos que se apropiaron impunemente de la Puerta del Sol, lugar típico de Madrid que pertenece al pueblo madrileño y a quienes visitan la ciudad y no a ningún grupo que la tome por la fuerza, a título de “aquí estoy porque llegué, y de aquí no hay quien me saque”. Los vecinos opinaron de estos llamados indignados (de última hora) cosas como éstas:

Olor insoportable === orinaban y defecaban en portales de comercios === pusieron en peligro la salud en el entorno del lugar por las condiciones de aseo y limpieza, ausentes por completo === había algunos drogados === me hicieron insinuaciones soeces varios de ellos === acumularon toneladas de basura en la plaza tomada === su comportamiento no fue muy educado que digamos === hubo muchas deserciones, porque entre ellos había al principio, muchos jóvenes decentes, educados y correctos === ofensas, escupitajos, empujones, golpes, orines, con los policías que intentaban mantenerlos en orden === nunca antes, durante los 7 y medio años del gobierno de Zapatero, con sus barbaridades y su desempleo, se habían indignado, lo hicieron cuando faltaba una semana para que el Partido Popular arrasara en las municipales y autonómicas, como se esperaba y como sucedió, qué casualidad... y así muchas opiniones más.

Sin embargo, los jóvenes asistentes a la Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011, que durante 5 días llenaron la ciudad de amor y solidaridad, de entusiasmo y deseos de hacer el bien, y que fueron ofendidos y agredidos por estos indignados de última hora, demostraron que, a pesar de ser un millón y medio repartidos por toda la ciudad, no provocaron ni un solo incidente desagradable, en todo momento fueron respetuosos, educados, decentes, limpios, alegres, y nos trajeron un mensaje de paz y de cariño, y de una vida mejor al servicio de una fe que aunque no sea compartida, sin dudas debe ser respetada, como lo hicieron ellos con los habitantes de esta ciudad que los acogió con verdadero espíritu de hospitalidad y aceptación en el 90% de su población. Y oigan el informe de los equipos de salud que atendieron a muchos de ellos por el calor o el cansancio: no encontraron NI UN SOLO CASO DE INGESTION DE ALCOHOL, NI UN SOLO CASO DE INTOXICACION ETILICA ENTRE LOS MILES A QUIENES TUVIERON QIUE ATENDER... ¡Qué ejemplo nos han dado estos peregrinos! Realmente es algo que nos conmueve y que nos dice mucho de su formación y de su fe cristiana. Y del poder de convocatoria que tiene la iglesia que pudo llevar a casi dos millones de personas a Cuatro Vientos a ver y oír al Papa con un mensaje que sólo trasmitía amor y paz. Y esto lo dice alguien que no es creyente ni religioso.

¿Qué las comparaciones son odiosas? Puede, pero en este caso, es necesaria esta comparación, para que quienes todavía no se han enterado de que el muro de Berlín fue derribado y de que los indignados de última hora son tan farsantes como los políticos que pretenden desbancar del poder al que aspiran, abran al fin sus ojos a la realidad que los rodea, y acepten de una vez que ese mundo de quemar iglesias, violar monjas, fusilar curas, cerrar órganos de prensa independientes, y apoderarse de todo lo que se mueve en el país para convertirlo a imagen y semejanza del pensamiento único, se terminó definitivamente, y jamás podrá volver a enfangar nuestra tierra, que, como la bautizara Ana Belén en una de sus canciones, es “amarga y bella”, y amarga no precisamente por culpa de quienes aman y construyen...

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

elcuiclo.blogspot.com.es

(publicado en La Envolvencia el 29 de agosto de 2011)

ENVOLVENCIAS

 1 Ahora que los virus están de moda: fue un virus (de la peste negra o bubónica) el culpable de la muerte de los amantes de Verona. La hist...