lunes, 16 de septiembre de 2019

CUANDO EL MAR ES MUER

MAR PENETRA MI ESPACIO...

Abro los ojos y me desperezo. Rápidamente se van haciendo nítidas las imágenes que encuadran mi entorno habitacional y que veo diariamente, cuando me despierto y comienzo a adaptarme una vez más a los muebles y a los objetos que me saludan en cada nuevo despertar rutinario. Me estiro, me siento sobre el colchón y me dispongo a iniciar una nueva jornada, casi al amanecer, cuando todavía no traspasan las persianas los primeros rayos del sol si el día está tan despejado como anuncian las primeras noticias sobre el tiempo. Sí, todo está igual, todo está en orden... ¿Todo?

No... todo no está igual, porque ella ha roto el orden, ha penetrado mi espacio más íntimo y ha dejado, envuelta en la magia de su estancia, la dulce sensación de una presencia que como un perfume derramado adornará esta habitación (que ahora también será suya), imposible de borrar, porque ella será siempre mucho más que un recuerdo:

ella será siempre un fuego trepidante que destila sensualidad y a la vez una ternura que acrecentará su sonrisa espontánea regalándome en cada nuevo encuentro esa sensación tan ansiada de paz, de alegría de vivir, de sentir cómo se hinchan mis pulmones al verla sonreír, y dormir, y soñar, y despertar otra vez lleno de vida. Porque ella es...

--¿Cómo debe ser una mujer para un escritor?

Me sorprende su pregunta. Todo en ella resulta sorprendente, y lo más curioso: todo en ella resulta agradable. Pero no sé responderle. Porque... ¿cómo decirle que para un escritor como yo, esa mujer debería ser como ella misma?

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

elcuiclo.blogspot.com.es

(publicado en La Envolvencia el 23 de enero de 2011)

lunes, 9 de septiembre de 2019

¡Y DALE!

LAS REPETICIONES RUTINARIAS

Tengo un amigo que me envía un correo diariamente, y como yo todavía no he perdido (aunque estoy a punto) la cortesía en la que mis padres (y mis maestros) me educaron, debo y tengo que contestarle el dichoso correo, lo que me ocupa una parte de mi tiempo (no muy grande, la parte), y no es que me pese, sino que al comentarle lo que me dice le digo yo cosas que a su vez él me comenta en el siguiente y esto se está convirtiendo en un culebrón epistolar de dime que te diré y viceversa, y aunque entretiene, corre el riesgo de convertirse en, como decía Luz María Nananina en el programa radial de La tremenda corte: un "aquí como to's los días". Porque una característica de los seres humanos es repetirse hasta la saciedad. Y mi amigo y yo, creo que somos seres humanos... al menos todavía.

Y digo todavía porque al paso que vamos me parece que "más temprano que tarde" nos convertiremos en bípedos salvajes sin ley ni orden, y quizás así viviremos mejor, que eso nadie puede saberlo, pues en los tiempos en que el planeta estaba poblado sólo por animales prehistóricos y salvajes, no había tanto horror como ahora que estamos en la era de los botones y los mandos a distancia. Es una relación proporcional: a más adelantos tecnológicos más atrasos en cuanto a lo moral, lo sentimental, lo solidario, y el que desee puede tildarme de lo que le parezca, pues cuando se ha pasado de la media rueda ya las opiniones adversas importan muy poco, por no decir nada.
Me siento bien cuando veo, oigo o leo que una pareja de delfines deleitó a un montón de niños en el Aquarium (la cámara enfocaría entonces las caras de algunos donde se reflejara una felicidad tan grande que a cualquiera que no tuviera en el pecho una piedra de molino se le llenaría eso que llaman alma de una sensación pletórica de paz, tranquilidad y bienestar), pero esas escenas sólo pueden disfrutarse de San Juan a Pascuas, porque lo que le gusta al pueblo -según justifican los jerarcas de los medios de infomación o comunicación masiva- es el crimen, la sangre, los atentados, las acciones delictivas y sus consecuencias... ¡eso! Me pregunto si esos jerarcas le habrán preguntado al pueblo si es eso lo que le gusta y por qué se atreven, como los políticos, a hablar en nombre del pueblo que no conocen... ¿o sí conocen? ¡Ah! La santa duda vuelve a molestarme.

Y como dicen que dijo el muy ilustre pensador décimonónico (¿hay palabras españolas con dos acentos?, que alguien me rectifique si no, por favor), que "lo único cierto es la duda", prefiero dudar antes que aceptar, contra corriente, porque aquí la mayoría del pueblo (¡qué palabrita!) acepta todo lo que le digan los políticos con cara de concreto, sin malgastar su tiempo analizando o meditando sobre eso que ha oído o leído y que tan fácilmente ha aceptado. Y es una contradicción, pues el morbo que vende es el de las malas noticias, por eso no entiendo cómo es que el susodicho pueblo prefiere los cantos de sirenas edulcorados de los políticos que sólo aspiran a forrarse con el mínimo esfuerzo. Pobrecitos, son tan paupérrimos que a mí me dan deseos de remitirle los pocos euros que me han aumentado en mi pensión, ya que seguramente a ellos les haga más falta...

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

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(publicado en La Envolvencia el 18 de enero de 2011)

lunes, 2 de septiembre de 2019

¡ESOS MALDITOS BACHES!

LOS PROBLEMAS IGNORADOS

Si usted es de los que suele tomar autobuses para ir de aquí hacia allá (y viceversa), le sugiero que esté alerta con los baches, porque a veces, rodando en uno de esos vehículos, me parece que los riñones se me van a desprender, de los golpes que recibe mi cuerpo cada 4 metros, al caer una de las ruedas del bus en uno de los miles y miles de baches que existen en las calles de esta ciudad que se llama Madrid. No ahora con la crisis que quizás haya excusas para no remediar tamaño suplicio, porque en mis correrías rodantes por esta ciudad, desde hace tanto tiempo estoy observando los baches que no hay Dios que pueda obligar a nuestro Ayuntamiento a dejar estas calles como si Madrid fuera una capital de Europa, o sea, del llamado Primer Mundo, y no un pueblo de tercera donde cada día se hará más difícil (y tortuoso) conducir un vehículo de 4 (o más) ruedas.
A veces el golpe es tan fuerte que no sólo se siente, sino que se oye como si fuera un petardo que los graciosos mozalbetes suelen explotar en los contenedores de basura. Y ahí están los baches, como la Puerta de Alcalá, "ahí está, ahí está / viendo pasar el tiempo", como dice la canción que canta la pareja eterna.

--¿Y yo qué diablos puedo hacer? -me pregunta mi amiga María Esther, porque llegué al edificio con cara de bulldog enchuchado y quejándome de los huequitos que tanto daño hacen, y se lo solté de zopetón como si ella fuera el Regidor.

--Claro que tú no puedes hacer nada para aliviar mis penas, que no son tantas, sobre todo si no me subo en un vehículo, cosa que estoy pensando seriamente, porque dice mi doctor que caminar es lo mejor que existe para fortalecer el corazón.

--Pero ya tú caminas bastante.

--Sí, pero este asunto de los baches está contribuyendo a que camine más y lo piense tres veces cuando me disponga a esperar en la parada uno de esos rodantes que dentro de poco nadie va a usar.
María Esther me dice que los que tienen coches y los usan esquivan los baches, y yo le contesto que como yo no uso el coche que no tengo, no puedo esquivarlos, porque los conductores de autobuses nunca esquivan un bache, parece que les gusta fastidiar a los viajeros y reírse con la cara que ponemos.

Como son los dueños y señores de los autobuses, nl les digas buenos días, porque te miran con cara de serpientes venenosas y son capaces de soltarte una palabrota, como ayer por la mañana que una señora protestó, tonta que es, ante el conductor, el pobre, que en este caso no tenía la culpa, de que hacía media hora que esperaba y ni un gorrión en el horizonte, pero la señora estaba algo alterada y le llegó a decir al infeliz conductor que

--mejor dedíquese a otra cosa y no haga esperar a los viajeros, hombre.

Pero hasta los tranquilos se saltan las normas cuando son atacados de esa forma, por eso el conductor le espetó a la señora que

--mire, señora, si no está conforme, bájese y camine, que a usted le vendrían muy bien unos cuantos kilómetros a pie, a ver si rebaja un poco la tripita...

Y aquello explotó... Pero en fin, que esas son pinceladas madrileñas que uno puede ver a diario en la dichosa calle. Alguien me dijo una vez que "si no fuera por la crisis y los baches, ¿qué sería de nosotros, no teniendo de qué hablar?". Y me puso a pensar: en efecto, sólo le faltó, además de la crisis y los baches, el fútbol, que sin eso no se concibe la vida en esta villa.

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

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NOTA. Este post se publicó en La Envolvencia el 12 de enero de 2011, y aunque han sido reparados unos cuantos, los baches continúan obstaculizando el buen correr de los vehículos, sin contar con esos relieves que hay en las calles que sólo sirven para aflojar las herramientas de los coches que transitan, y para nada más, porque no impiden ningún accidente ni nada por el estilo

lunes, 26 de agosto de 2019

¡POBRE IDIOMA NUESTRO!

SPANGLISH IS THE FUTURE?

Dentro de pocos años nuestro querido idioma va a convertirse en un jeroglífico. Por varias razones de peso: una, la cantidad de términos en inglés que están sustituyendo a las palabras que podrían usarse en español, porque precisamente el nuestro es un idioma mucho más rico que el inglés. Dos, porque cada día aparecen más términos distintos para llamar las cosas que desde niños conocíamos con sus nombres de siempre: ahora a quien está en fase terminal, se le denomina que está padeciendo una larga y penosa enfermedad, en lugar de decir que el hombre (o la mujer) tiene cáncer en el colon. A las antiguas criadas les llamaron sirvientas hace años, pero ahora son "amigas de la familia que ayudan a la señora de la casa en sus tareas domésticas", y si esas mujeres están en las casas de algunos pejes gordos, pues entonces son "asistentas". Menos mal que los conductores (choferes antiguamente) siguen siendo conductores de los coches de esos pejes gordos, que no sé cómo no se les ha ocurrido ponerles algo así como "encargado de conducir el vehículo asignado al señor Tal para sus labores oficiales". Da risa. Y espanto. Y tres, porque quienes están subiendo como la espuma en altos cargos de la administración del Estado, son tan seborucos que como aparecen en la tele a diario, contagiarán de sus burradas a los estudiantes que dentro de poco hablarán un lenguaje inentendible por los mayorcitos que no sabrán qué cosa es un friki, una bachata, el bisne, la moviola, los forraos, las jéticas, etc.

¡Manda huevo!, como diría un ilustre diputado de nuestro no menos ídem Congreso de los padres de la patria, la pobre, tan abandonada por aquellos que deberían sacrificarse en aras de su bienestar, su progreso, su seguridad, su etcétera. Pues oigan esto: una tarde llego a CARREFOUR en busca de unos discos que me habían recomendado, me acerco a un mozalbete con cara de soynuevoaquí, y le pregunto: ¿dónde puedo encontrar discos compactos? El muchacho se me queda mirando y me dice: discos... pero usted se refiere a los neumáticos, a los discos de los neumáticos que... y no pude resistir una espera discusoria tonta que veía venir, por eso le espeté: no, discos compactos, quiero decir, compact disks, o sea, CDs, ¿me entiende ahora? Y entonces aquel jovenzuelo que podía cargar su propio peso con las manos sin hacer ningún esfuerzo, lanzó un ¡aaahh, sí, ya! Discos de música dice usted... mire... y me señaló dónde estaban los dichosos discos. Parece un cuento de una mente imaginativa, pero eso me sucedió de verdad. Y en CARREFOUR. Y aquí en Madrid. Y con un terrícola, nada de ciencia-ficción. Que conmigo éramos dos terrícolas hablando en un centro comercial... ¡Ah, Catana!

Pues eso, que ahora se aparezca la Academia con sus fantásticas reglas o leyes que nadie piensa cumplir, lo que da es un ataque de risa: la contradicción vigueta, diría Juan Retreta, porque vamos a ver: ¿no dicen que el lenguaje lo hace el pueblo? Pues si lo hace el pueblo, a ese pueblo no hay que estarle dictando cómo debe hablar y escribir, y que cada cual hable y escriba como le dé su real deseo. Que haya reglas, ok, tampoco vamos a apachurrar nuestro bello idioma, pero que las sigan los estudiantes, que para eso se enseña en las escuelas, y que los señores de la RAL se ocupen de cosas en verdad importantes, como por ejemplo: lo mal que se usa nuestro idioma en los medios de información masiva, malenseñando a los lectores, a los oyentes y a los videntes, sobre todo a estos últimos adictos a la teleñiringa, que eso sí es un horror, como el que experimento yo cuando leo en la primera plana de un diario nacional español que cayó mucho agua ayer tarde, o cuando oigo en algún programa del patio algo así como entregue ese arma, o incluso cuando en la tele (el cuarto poder con vías de convertirse en el primero) sueltan disparates tan sorprendentes como maldecido, oiga, que es como para salir dando gritos estentóreos pidiendo socorro.

Nada, que si no defendemos nuestro idioma y nuestro bien hablar, muy pronto nos vamos a ver necesitados de pasar por ridiculeces increíbles y tan estúpidas como esa de usar traductores en nuestro inútil Senado, porque no hay quien ponga orden, dé un puñetazo en el buró y diga ¡basta, coño!, que aquí se habla español y nada más, mientras ése sea el idioma nacional de este país. Como la bandera, que es una sola con carácter nacional y debería ondear orgullosa en cada establecimiento estatal y público... cosa que no sucede, como con el idioma, porque los encargados de hacer cumplir ese mandato simplemente no respetan ni al gobierno central (que no se da a respetar) ni a los símbolos de la patria española, una sola y no 18 como parece ser actualmente.

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

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(publicado en La Envolvencia el 6 de enero de 2011)

lunes, 19 de agosto de 2019

¿LA CALLE O LA CAMA?

LA CALLE... ¿EL REMEDIO?

La calle, remedio de todos los males... ¿o es la cama? O las dos, que sirven para cualquier circunstancia: ¿que te sientes solo?, a la calle, ¿que estás cansado?, a la cama, ¿que te cogió la depre?, a la calle, ¿que tienes sueño?, a la cama, y así sucesivamente, como suele decirse en estos casos y en los otros. Pero yo, a la calle y con llavín, a ver en qué ha variado el panorama mierdero que veo diariamente cuando salgo, no sin antes bajar las escaleras (uso el ascensor sólo para subir, porque dice mi cardiólogo Juan Benezet que el ejercicio es muy bueno para el corazón, y yo, como no nado ni corro ni monto en bici ni compito en maratones ni practico el boxing ni un carajo la vela, lo menos que puedo hacer es eso: bajar las escaleras y caminar, que eso sí lo hago, y más de una hora cada día, sí señor).

Caminar es saludable, aunque lo que ves cuando caminas por esta ciudad no es como para encenderle una vela a Santa Filomena y brindar con champán por las bellezas que han recreado tus ojos. No. A veces lo que ves es todo lo contrario. Por ejemplo, puedes encontrarte un perro muerto y reventado junto a una alcantarilla, porque eso sí, un billete de quinientos euritos no te vas a encontrar, nené, ni lo sueñes. Así que sigue tu camino que yo seguiré el mío. Pues como decía, saludo a Sonia, la asistente que me sale al encuentro, y después de los buenos días, porque todavía no he perdido del todo la poca buena educación que me queda, le digo ¿qué haces tú aquí a esta hora, en el turno de mañana?, tienes cara de mala noche, seguro que nocturnando, como siempre, y ella, tan cariñosa y delicada como es, sonríe, y me dice: usted siempre me está pinchando. Y es verdad, yo siempre la estoy pinchando. Porque la quiero muchísimo, aunque la muy tonta lo sabe, por eso me regala una de sus sonrisas que refrescan más que un granizado de limón en la canícula madrileña. Pero a la calle, que los bajos del edificio donde creo que vivo no son la calle, y donde yo voy es a la calle...

Por costumbre, no por otra cosa, porque ya sé lo que voy a encontrar en la calle: lo que encuentro cada día que salgo y cuando regreso a cobijarme en mi "hogar, dulce hogar", me doy cuenta una vez más (y esto de darme cuenta una vez más cada día que salgo a la calle me huele a tontuelo del pueblo) de que no he visto ni oído ni sentido nada, absolutamente nada que no haya visto, oído y sentido ayer o la semana que pasó casi sin darme cuenta, que eso es otra cosa, lo rápido que pasan las semanas y yo no me doy cuenta de que cada vez estoy más viejo y que esta situación natural no tiene otro remedio que la resignación y la conformidad. Pero en la calle al menos me entretengo mirando la gente. ¿Habrá alguno o alguna que piense lo mismo? Porque eso también me lo pregunto diariamente. Un día le dije a una joven que se sentó frente a mí en el tren de cercanías que me llevaba al sur, a comer donde como de lunes a viernes, pero eso es otra historia que no le interesa a nadie más que a mí y no pienso contársela a ningún zoquete que me esté leyendo. Pues como decía, le pregunté a la joven si ella pensaba como yo sobre lo mismo. La joven me miró como si yo acabara de aterrizar en un cohete desde el espacio inconocido, y con disimulo, sin abrir su boca, se levantó y se fue bien lejos, hasta el límite del otro vagón. Cosas que se me ocurren. Pobre muchacha, a que pensó que yo estaba medio medio. Pues eso, que a veces yo mismo pienso que lo estoy, pero entero. ¡Ah! La culpa la tiene la calle...

En la calle hay de todo, como en la viña del Señor. Es el sitio más variopinto y a la vez más pintoresco de cada ciudad. Lo preocupante es la cantidad de locos que se ven en la calle, sueltos y sin ningún control. Algunos son pacíficos, pero con ellos nunca se sabe. ¿Será la crisis? Porque óiganme, con estos cuatro millones y medio, casi cinco según la estadística del qué dirán, cualquiera se funde. Muchos lo disimulan inconcientemente, pues ahora con eso de los móviles y de las manos libres, uno ve a cualquiera hablando solo en plena calle y puede pensar que el tipo está pasado, pero si lo mira mejor ve que la señorita no es que esté tururata, sino que está hablando con alguien al otro lado del espacio, mediante ese aparatico del que nadie puede prescindir, pues si no tienes un móvil no existes. Es como la tele, me dice Juan Antonio que quien no sale en la tele no existe, pero ven acá, Juan Antonio, ¿tú crees que la tele es lo único que confirma que tú estás aquí, vivo y coleando aunque no tengas cola?, y él claro, la tele es el cuarto poder, y cuidado si no es el primero, lo que la gente ve en la tele es lo que es, lo demás es mierda, pero yo le señalo que no me refería a eso, sino a que mira, aquí hay muchas cosas que si no las tienes o las haces o las dominas, no existes, y el móvil es una de ellas, como la tele, sí, como tú dices, pero el móvil, y el famoseo, y el fútbol, y si no sabes quién es el cantante de última moda, o la famosilla que saldrá esta noche en el programa Cuéntame la vida de tu enemiga y esas cosas, despídete... Y Juan Antonio se ríe... Hombre, ¿qué va a hacer? ¿Llorar?

Pues eso, que aquí si quieres que la sociedad sepa que tú, Marcelo Doimeadiós, eres, estás, existes, arréglatelas, inventa algún chisme gordo sobre algún peje ídem, y preséntate en algún plató, de esos que pagan cheques generosos por que vaya alguien a contar lo que sabe y lo que no sabe pero se lo imagina, o en último caso lo inventa, del porqué a Belén Esteban (un ejemplo, ¿eh?) le retorcieron la naricita cuando fue a quitarse cinco añitos de su fructífera existencia. Por cierto, ¿quién sabe qué edad tiene la susodicha? ¡Hum! Tarea para Rubalcaba, porque yo me declaro incapaz de averiguarlo, aunque me pagaran una buena suma por eso en los platós del cotilleo, que son casi todos. Así estamos, cuando me pongo a oír hablar a Sole con Fernanda a la hora del condumio, ¿qué oyen mis oídos? ¡Ah! Pues lo que ustedes se imaginan: lo que vieron anoche en la telemierda... porque cuando pasan a Plácido Domingo en una ópera, eso no lo ve ni el crítico de teatro del periódico EL PLANETA (no cito el verdadero nombre por ética profesional, vamos). No, Plácido, el más grande cantante de España de toda su historia, no vende. Lo que vende es Aída, por ejemplo, y esos programuchos llamados reallity-shows (pobre idioma nuestro) donde van a parar todos los idiotas habidos, y quizás dentro de años, los por haber ahora. La sociedad es la que manda: a la mierda la cultura, qué carajo. ¿Quién se va a forrar con Madame Butterfly en hora punta? ¡Hombre!

Augusto Lázaro

@lazarocasas38

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(publicado en La Envolvencia el 30 de diciembre de 2010. Como puede notarse, la realidaad ha cambiado... pero no tanto)

lunes, 12 de agosto de 2019

LA CALLE... REMEDIO IDEAL

A LA CALLE... ¿A QUE?

Hoy me he despertado con deseos de seguir durmiendo. Con muchos deseos de seguir durmiendo. Me tiro la colcha por encima, porque siento frío. Y me doy la vuelta, cambiándome a la posición del costado derecho, que es como duermo mejor. Pero no vuelvo a dormirme. Me pregunto por qué no me duermo otra vez si no siento deseos de levantarme. El caso es que no vuelvo a dormirme y a los diez minutos me canso de estar acostado. Luego, siento dos cansancios: el cansancio de haberme despertado con deseos de seguir durmiendo y el cansancio de no poder dormirme y seguir acostado. ¿Qué demonios es todo esto? ¿Un jeroglífico físico con mi propio cuerpo? Pues a ver, porque tendré que levantarme aunque no sienta deseos de hacerlo, porque tampoco siento deseos de seguir acostado despierto. Lo que deseo es dormirme otra vez y ya veo que eso es imposible. Ya hace un cuarto de hora que estoy aquí filosofando tonterías y nada. Nada de nada y nada por todas partes. Pues entonces, a levantarme de una vez. Son las 06.55...

A las 07.00 las noticias: todas negativas, como siempre, como cada mañana en que me levanto y enciendo el aparato sabiendo lo que voy a oír, y lo que voy a oír es que este mundo de mierda cada día está peor y no hay quien lo arregle: guerras, atentados, crímenes, asaltos, robos, sangre, opresión, escasez, pobreza, enfermedad, desolación, desastres naturales, muerte… ¿hasta cuándo podrá aguantar este planeta? Pensar en eso me consuela un poco, porque si me pongo a pensar hasta cuándo podré aguantar yo sería peor, teniendo en cuenta entonces que yo y sólo yo reventaría alguna vez mientras el mundo continuaba autodestruyéndose, pero sobreviviéndome, y eso no sería bueno para mis pensamientos positivos como me dice Nadya que tenga, es que tú no tienes pensamientos positivos, por eso estás así, ¿y así cómo?, le pregunto, pero Nadya no contesta, porque sabe que es inútil entablar conmigo ese tipo de discusión que no conduce a ningún resultado, porque por supuesto yo no puedo tener esos pensamientos positivos que ella quiere que tenga, ¿dónde carajos voy a encontrar algo positivo?, si todo lo que me rodea es, además de mierda, estupidez, ignorancia, zafiedad, etc., una situación tan desechable que mejor entretenerse leyendo uno de esos periódicos gratuitos...

Siempre apago el radio a los pocos minutos de encenderlo, porque me harto de oír tantas barbaridades que cometen los seres de mi especie, aunque sé que mañana otra vez haré lo mismo, o sea: encenderé el aparatico y a los pocos minutos volveré a apagarlo, otra vez harto de oír las mismas cosas, y todas por supuesto negativas. Mi ex me lo decía y me lo repetía, gozando su victoria ante mi irremediable impotencia: ¿y para qué las oyes si sabes lo que vas a oír y lo que vas a oír no te va a gustar?, ¿qué, es que eres masoquista? Es curioso cómo el ser humano se convierte en una máquina repetidora de acciones, día por día, hasta el punto de saber, cuando abre los ojos al despertar cada mañana, todo lo que hará, a qué hora lo hará, dónde lo hará, y cómo lo hará. Una rutina que sólo puede alterarse cuando uno se decide a hacer un viaje y subirse a un autobús, un tren, un avión, un barco, y adiós rutina diaria, ahora sí, piensa el iluso, que voy a desestresarme de mi vida tan normal y tan común que a veces pienso que no la estoy viviendo yo, sino el vecino del frente, o el protagonista de la serie que suelo ver a veces en la telemierda que menos mal que conserva algunos canales que trasmiten algunas cosas interesantes y sobre todo sin anuncios... porque un día descubrí que soy alérgico a los anuncios publicitarios de la tele... las 7.15 y yo aquí, atracándome de virutas de pino ruso...
Fuera de este pequeño espacio donde duermo cada noche (porque nunca duermo de día no porque no me guste sino porque no me entra el sueño) la vida transcurre como siempre: la vida tiene muy poca variedad, o casi ninguna, y cuando aparece alguna es una variedad tragicómica de la que algunos se ríen y otros lloran, pero que en definitivas no aporta nada nuevo bajo el sol. Como me dice Marcelino Granda, el quiosquero al que antes le compraba algún que otro periódico con películas de extras, y que ya no le compro porque desde que metí mis narices en Internet leo los periódicos gratis en la pantallita que me tiene sirico con tanta información desastrosa, porque ahí tampoco aparece un concurso de perros hermosos guiados por niños rozagantes en jardines repletos de flores, ¡le zumba la berenjena!, lo bello cada día va quedando en el rastro del olvido. Pues me dice Marcelino que la vida es así y que no hay fuerza que pueda sacarnos de la rutina o de la monotonía, que para el caso viene siendo lo mismo. Pobre Marcelino, cada vez menos gente le compra los periódicos y las revistas, la crisis por un lado y el Internet por otro y el hombre va a la quiebra. Pero en fin, que yo no voy a remediar ni a Marcelino ni al resto de la humanidad. Fuera la horizontalidad, en pie, que ya va siendo hora...

Pues allá voy, a emprender la misma hoja de ruta que inventó algún burócrata para controlar (pensaba el muy tonto) a sus subordinados que se pasaron el invento por el escroto y cuando salían colocaban en la puerta un itinerario que por supuesto no pensaban cumplir, porque además sabían que el Jefe no iba a vigilarlos uno a uno detrás de cada paso que daban. Esto de los Jefes y de la vigilancia tiene tela. Sí señor. Pero tengo que mover el esqueleto, que dicen los que saben de eso que es muy bueno para la salud mental y física. Y si ellos lo dicen... El caso es que de nuevo a la repetición de acciones, de pasos, de idas y venidas, y el mundo sigue andando sin que ocurra ningún hecho capaz de sacarnos de la calma chicha en que estamos viviendo, a excepción de las acciones de violencia y sangre, que por consabidas se están convirtiendo en algo tan normal que ya casi no llaman la atención a nadie. Yo creo que el día en que no ocurra ningún hecho de sangre, como les dicen en los medios mediáticos (con redundancia y todo lo que quieran los correctores de estilo), será el día de la variedad, del cambio, de lo que se salga de la rutina y de la monotonía, y habrá que celebrarlo. Por cierto, voy a comprar una botella de vino del barato (yo nunca bebo pero por si acaso) y guardarlo, esperando los acontecimientos, que el vino mientras más viejo mejor, dicen los iniciados...

Pues sí, la casi totalidad de las personas que trabajan en una oficina que casi nunca sirve para resolver ningún problema, se pasan sus ocho horas de trabajo emborronando papeles que tampoco sirven para nada, porque dígame usted: si se inventaron los ordenadores para acumular todos los datos de los usuarios, ¿para qué le piden a uno lo que ya tienen registrado en sus computadoras? Y después vuelven a pedir algunos papeles que se han entregado, porque esa es otra, que usted entrega los papeles que le piden y en esas oficinas nunca están conformes, siempre falta algún dato, algún informe, algún hagoconstar, y el caso es que usted se pasa demasiadas horas de su vida gestionando papeles que ya ha entregado o cuyos datos están en los ordenadores de las oficinas públicas. ¡Ah! El caso es joder a los ciudadanos de alguna manera. Porque un día me dijo mi Asistente Social, cuando yo le dije, ingenuamente, que ahora éste (el que le entregaba) sería el último papel: "no, amigo mío, nunca habrá un último papel"...

Y es verdad que nunca habrá un último papel, porque si lo hubiera, el desempleo estaría en el 50%, por la enorme cantidad de funcionarios improductivos (pero consumidores) que nuestra sociedad soporta y mantiene. No sé cómo nadie se ha puesto a elucubrar con ese dato: la cantidad de personas que no producen bienes materiales y sin embargo consumen alimentos, ropas, calzado, vivienda, electricidad, agua, gas, energía, transporte, servicios, etc. ¿De dónde sale eso? ¿Y hasta cuándo aguantará este país ese desnivel entre la producción y el consumo que cada día es más amplio? Una vez que me dirigía a Galicia, invitado por mi amigo Manuel a pasar la Navidad y el fin de año en su casa con su generosa familia, noté que por la ventanilla no veía ni una sola vaca, y al llegar le pregunté Manuel, ¿y esa leche que yo me tomo a diario, de dónde coño sale? Porque no he visto ni una sola vaca en todo el trayecto desde el autobús. Manuel se quedó como en éxtasis, parece que de oír semejante gilipollez, porque se supone que las vacas no tienen que estar al lado de las carreteras en exhibición turística. Pero el caso es que no vi ninguna y que me tomo un litro de su leche diariamente. ¡Ay,Manuel! Con semejantes amigos no necesitas ver la tele...

En fin, que el baño, el aseo, el desayuno, otra vez el baño, la boca, el vestuario, los zapatos, la ventana a ver cómo pinta la mañana, no hace falta el paraguas, la maletica para los alimentos, las llaves, mirar si el gas, si el agua, si los equipos electrodomésticos, las puertas, las ventanas, el copón bendito, ¡a la calle!... Decididamente, como dice mi hija siquiatra: un tipo obsesivo compulsivo. La madre que me parió...

AUGUSTO LAZARO

@lazarocasas38

elcuiclo.blogspot.com.es

(publicado en La Envolvencia el viernes 24 de diciembre de 2010)

lunes, 5 de agosto de 2019

LEYES DIABOLICAS

ESAS LEYES... ¡POR DIOS!

El diario EL PAIS publica en su edición del sábado 27 de noviembre pasado, en letra pequeña, un MANIFIESTO CONTRA LA LEY ELECTORAL, firmado, según nota al pie, por más de 3,200 nombres, además de algunos de personalidades de la cultura, la sociedad y la política, como Andrés Trapiello, Helena Tabena, Julio Anguita, Almudena Grandes, Emilio Gascón, Asunción Esteban, etc. He añadido mi firma a la lista, porque considero ese documento muy positivo y me atrevería a decir que imprescindible para comprender mejor nuestro país y para comprender a la vez cuán necesitado está de ese cambio que tantos cerebros sensatos solicitan a los encargados de cambiar nuestras leyes, que por cierto, casi nunca se ocupan de cambiarlas, ignorando los reclamos de una población cada día más harta de eso que llaman "la clase política española", que parece ocuparse sólo de sus propios asuntos y de llenar sus cuentas corrientes mientras la palabra pueblo les resulta lejana y exótica.
El Manifiesto comienza así:

“La ley electoral es antidemocrática e injusta. Contraria al espíritu de la Constitución. Intolerable. No se debe consentir. De mantenerse esta ley electoral, España seguirá sin ser una democracia plena. Hoy no lo es, porque el Parlamento no representa la voluntad popular”.

Esta aseveración de los firmantes del Manifiesto, que parece exagerada por lo grave, pasa desapercibida, precisamente por ser eso: grave, porque estas cuestiones que a cualquier extranjero le llamarían la atención hasta el asombro, el pueblo español no las conoce o las ve como a la corrupción, que se está convirtiendo en algo tan normal que no vale la pena censurarla o protestarla. El pueblo sí sabe que nadie le hará caso si se trata de perjudicar a los políticos, que ya son casi el problema principal que afronta este país. Habría que cambiarlos a todos, y eso parece imposible, entre otras cosas, porque ¿a quiénes podríamos colocar en cada escaño que sustituyera a los actuales "padres de la patria"?. Porque ser político ya de por sí significa despojarse de honradez y honestidad y vivir para sí, y sólo para sí. Excepciones haylas, por supuesto, pero ¡ay!, son tan pocas...
En otro de sus fragmentos, plantea el Manifiesto, refiriéndose a la ley electoral vigente que
“esta ley que aún rige las elecciones en España -después de 33 años-, es una reproducción, en lo fundamental, del primer Decreto Ley dictado por el último gobierno franquista”.

Sin comentarios, porque no hacen falta. Parece una broma, pero no lo es, de ahí su gravedad. Y no hay más que asomarse al proceso electoral que se sigue en el país para darse cuenta de hasta qué punto se ha llegado a corromper el concepto de justicia e igualdad, dentro del cual dos partidos políticos mayoritarios se disputan cuanto privilegio exista para esa "clase" que dirige (mal) y controla (peor) los destinos de España, sin que nadie, al parecer, se sienta dolido o siquiera preocupado por remediar (o al menos pensar en cómo podría remediarse) tamaña desvergüenza. Lean este otro fragmento y verán cómo está el patio:

“(...) unos diputados necesitan casi 500,000 votos para ser elegidos y otros nueve veces menos, como el PNV, o 7.26 menos como el PP, o 7.25 menos como el PSOE (...)”

Por eso es extraño oír a algún político decir que no somos iguales y que por tanto no se respeta el artículo 14 que proclama que "todos los españoles son iguales ante la ley". Quizás, por carambola -porque esto de la ley electoral repercute, claramente, en la aplicación de la justicia- tengamos que sufrir la vergüenza de ser el único país de los llamados democráticos, o del llamado "mundo libre" donde un asesino de 25 personas esté suelto en la calle y además goce de todos los derechos, y para colmo que ahora se descubra que el gobierno actual se lamente de no haberlo liberado antes, como si le parecieran demasiados esos 18 años que cumplió por haber enviado al otro mundo a 25 seres inocentes.

En la ley electoral, como en las demás leyes que rigen actualemnte, y al igual que en la propia Constitución, hay como una mano oculta, diabólica, perversa, que no quiere que exista de verdad la Justicia con mayúscula. Quizás porque a algunos no les convenga, pues de existir, peligrarían sus múltiples privilegios obtenidos por ese afán enfermizo de "meterse en política", que es, junto al fútbol y al famoseo, lo que más fama y fortuna da en España.

Augusto Lázaro

Este post fue publicado en La Envolvencia el 14 de diciembre de 2010, sin embargo, como se ve, el problema sigue igual y los políticos siguen disfrutando sus privilegios sin ocuparse de resolver un problema básico para nuestra deteriorada salud democrática. Quizás por eso muchos me llaman "romántico", ya que protestar o escribir este tipo de protestas es siempre inútil: nada va a cambiar, si acaso, siguiendo a Murphy, pudiera empeorar. ¡Pobre España!

@lazarocasas38

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