UNA CHICA GUAPA SENTADA EN EL METRO ESPERANDO POR MI
Decididamente, no soy buena compañía para nadie.
Sentado en un banco, sin ánimo siquiera para echarle una ojeada
al libro que he sacado de la circulante,
espero.
Una chica más bien guapa se sienta junto a mí y comienza
a mover y cruzar brazos y piernas y a suspirar
a discreción
como si se encontrara sola en una sauna.
¿Nerviosa?, le pregunto.
Cansada, me responde, y ahí termina el diálogo
porque ¿para qué continuar si no puedo invitarla a un café fuerte
y acompañarla hasta que pueda descifrar su sitio
de vivir y yacer
aplacando el cansancio sería inútil
porque no habría ningún tipo de continuación posible?
En mi bolsillo sólo tengo varios céntimos
y con unos solitarios y mínimos céntimos
no se puede hacer con una chica guapa ninguna otra cosa
que parecer un gilipollas (quizás serlo en realidad)
que inicia una conversación con tonterías de bajo calibre
y después subirse al Metro y olvidarse, por ahora,
de que existen chicas guapas con las cuales se podría
pasar un buen rato, o quizás pasar todos los años
que quedan por vivir...
Augusto Lázaro
@lazarocasas38
miércoles, 10 de octubre de 2018
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