SEIS PINCELES PARA AMELIA
a la gran pintora cubana Amelia Peláez
1
Amelia no es pequeña ni peluda ni suave
como Platero, no. Pero es azul
como una noche de Helsinki.
2
El aliento de las horas
bate sus alas
que se me escapan en un vuelo tenso
con los rizos de espuma de la tarde
y se confunden con mis lágrimas.
3
Su ritmo se distrae
en el horizonte de este trópico
y en la turbonada del Atlántico,
entre sirenas y madréporas, corales y pelícanos,
y vuela alto alto
llevándose el olor de los geranios,
mimbres, cerámicas y ánforas,
y convierte la brisa en un pincel
que entre nubes fabrica una tarde.
4
Su cabello es un asombro de plata que refleja
la luz débil, desciende en la noche
y esparce una a una sus cuentas.
5
El color se alimenta de su patio:
bebe sus flores, devora sus adornos,
enjuaga sus pinceles y su cielo muerto.
La escalera de geranios se escapa
de la quietud del pasillo de mimbre.
Las copas de sus ánforas disuelven el taller
y las jaulas ajenas al trino
no pueden tragarse la luz de la calle.
6
Hay un perfume azul que no la baña
y hay una gota que no se distrae:
tal parece que Amelia se ha escondido
en la tarde...
Augusto Lázaro
@lazarocasas38
miércoles, 27 de febrero de 2019
lunes, 25 de febrero de 2019
ESPAÑA, ESPAÑA MIA
¿QUIERE USTED TRIUNFAR EN ESPAÑA?
Aunque hay mucha competencia y poca oferta, no es muy difícil, si usted sigue las siguientes recomendaciones:
--proclame que usted jamás ha leído un libro (como Victoria Beckham) cada vez que tenga la oportunidad de que alguien lo escuche (si son muchos mejor), mire lo bien que le va a la graciosa modelo.
--no aprenda ningún idioma extranjero (¿de qué le serviría?), hable sólo el suyo y no muy correctamente, no vaya a ser cosa que lo tomen por un finolis, observe cómo lo hacen muchos en la tele que disfrutan de un altísimo nivel de vida.
--no lea periódicos ni oiga la radio, sólo vea la televisión (por supuesto los programas del famoseo, que son los que más lo ayudarán), pero de vez en cuando eche un vistazo a las revistas llamadas "del corazón" (de los famosos) para que tenga una visión amplia y profunda de quiénes son los que tienen la sartén por el mango, así, cuando lo oigan dirán: "¡qué bien informado está Fulano!"
--trate de hacerse amigo de algún presentador de la televisión (aquí quien no se conecta con la televisión no existe), es el primer paso de su carrera hacia el estrellato.
--ponga una foto de Belén Esteban en su billetera, o en su plástico del abono de transportes, y registre la agradable voz de "El Moñas" en su móvil, eso es de muy buen gusto, muéstrelas a todos con orgullo, algún día usted será como ellos y habrá muchos que tendrán su foto en sus equipos.
--no se pierda un solo partido de fútbol, para que pueda participar en las tertulias de los bares y opinar con conocimiento de causa y no de oídas.
--declárese fanático de las corridas de toros y despotrique contra esos estúpidos que protestan por las torturas naturales a esos animales salvajes condenados a servir de espectáculo culto a tan cultas y civilizadas personas que acuden a presenciar y a disfrutar la "fiesta nacional".
--levántese tarde y acuéstese ídem, viva la madrugada, que la noche no se ha hecho sólo para dormir, así conocerá sus encantos y a otras personas que como usted nunca dejan la cama antes del mediodía.
--use pantalones rotos tipo barrendero (esos que van arrastrando los bajos recogiendo el polvo y la inmundicia de calles y aceras), calce zapatos sucios y aplastados, lleve los botones superiores de la camisa (o de la blusa) desabrochados, y si es varón no se afeite diariamente, la barba de tres días es muy elegante (observe los que aparecen en las revistas de moda).
--declare que sus personajes históricos favoritos son Nuria Bermúdez y El Risitas, verá que despierta admiración en los círculos más representativos de esta sociedad.
--diga que su película favorita es la última de Torrente, que usted detesta la música clásica, que nunca ha visitado un museo de arte, que no tiene ni puta idea de quién es Tamara Rojo, y sobre todo, que es televidente fiel y fan del programa estelar GRAN HERMANO, que no se pierde ni las retrasmisiones del día siguiente, y repita sin cansarse que España es el mejor país del mundo y que como aquí no se vive ni en la tierra de Jauja (no importa que no sepa qué significa eso, nadie se lo va a preguntar).
--no se le ocurra emitir ninguna opinión negativa sobre los islamistas, nooo, caca, niño, que ese tema es sagrado, eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca.
Y así más o menos, hasta lograr su objetivo, que es alcanzar la fama, la fortuna y la gloria, con la categoría de héroe si se esfuerza un poquitico más, sin sudar la camisa (o la blusa). Nada, que usted está por la ley del ningún esfuerzo, emulando a quienes triunfan y poseen un standard de vida como si fueran presidentes del Congreso de los Diputados... Eso sí, primero mírese en el espejo: si usted es feo (o fea), despídase. Entonces usted no tiene aquí nada que hacer...
Augusto Lázaro
@lazarocasas38
jueves, 21 de febrero de 2019
POEMA 41
¿LLAMAD Y OS ABRIRAN?
He tocado en las puertas de todas
mis posibilidades
buscando -todavía con la esperanza a cuestas-
al menos una voz que no me repitiera
las mismas palabras que aturden mis intentos:
"ya le avisaremos"...
¡Pero nadie me avisa!
Y estoy cansado de tocar en esas puertas
casi invulnerables
que congelan la esperanza de los exiliados.
¿Y ahora qué? El martillazo de la duda
rompe kilogramos de solicitudes
que se amarillean en gavetas de segunda mano
de funcionarios de segunda mano
encargados de tomar la decisión final:
¿es que un exiliado es algo más que un número de orden?
¿Para qué preocuparse en demasía?
¿Para qué alimentar esas miradas impotentes
que jamás van a ver el futuro?
Y entonces en mis ojos se dibuja otra puerta
-quizás la última puerta de entrada a mis sueños-
esta vez entornada
que tal vez se abriría para mí de par en par
(porque yo no me llamo José K),
pero ¡ay!, estoy cansado, estoy muy cansado de tocar y
tocar
y no resistiría un nuevo "ya le avisaremos"
a pesar de la sonrisa, del pase y siéntese, y sobre todo
de las buenas intenciones...
Augusto Lázaro
@lazarocasas38
(en los principios del exilio)
He tocado en las puertas de todas
mis posibilidades
buscando -todavía con la esperanza a cuestas-
al menos una voz que no me repitiera
las mismas palabras que aturden mis intentos:
"ya le avisaremos"...
¡Pero nadie me avisa!
Y estoy cansado de tocar en esas puertas
casi invulnerables
que congelan la esperanza de los exiliados.
¿Y ahora qué? El martillazo de la duda
rompe kilogramos de solicitudes
que se amarillean en gavetas de segunda mano
de funcionarios de segunda mano
encargados de tomar la decisión final:
¿es que un exiliado es algo más que un número de orden?
¿Para qué preocuparse en demasía?
¿Para qué alimentar esas miradas impotentes
que jamás van a ver el futuro?
Y entonces en mis ojos se dibuja otra puerta
-quizás la última puerta de entrada a mis sueños-
esta vez entornada
que tal vez se abriría para mí de par en par
(porque yo no me llamo José K),
pero ¡ay!, estoy cansado, estoy muy cansado de tocar y
tocar
y no resistiría un nuevo "ya le avisaremos"
a pesar de la sonrisa, del pase y siéntese, y sobre todo
de las buenas intenciones...
Augusto Lázaro
@lazarocasas38
(en los principios del exilio)
lunes, 18 de febrero de 2019
LA MAMANDURRIA: INDESTRUCTIBLE
Las escenas que se producen en el Gimnasio rozan el esperpento. ¿Cómo puede respetarse una institución que sólo se dedica a insultarse unos a otros mientras sus cuentas bancarias crecen cada año descaraamente?
Es lo que tenemos, no podemos quejarnos, ni siquiera protestar, pues si lo hacemos no faltarán quienes nos increpen con preguntas que no queremos contestar, como ¿y tú qué haces para que esto mejore? Y en realidad no hacemos nada, o por lo menos no hacemos lo que hacen otros pueblos que no están conformes con la situación que padecen. Aquí sólo hacemos amagos, algunas manifestacioncitas, reclamos, huelgas que no perjudican a los jefes y cosas por el estilo. Y con eso sólo le damos un cheque en blanco a quienes nos gobiernan para que sigan gobernándonos y enriqueciéndose gozando de los placeres de la mamandurria que parece indestructible.
Muchas veces me he sentado en casa a analizar, desapasionadamente, ¿por qué a tantas personas les atrae tanto la política? Y las preguntas que me hago no tienen respuesta, o si la tienen, siempre es negativa. Una de ellas es ¿aman de verdad al pueblo hasta el punto de sacrificarse por él altruistamente, sin escatimar esfuerzos, renuncias, horarios, problemas, etc.? Lo siento de veras, pero no lo creo. Acepto las excepciones que siempre existen, pero de ahí a que los aspirantes a "sacrificarse" por el pueblo sean todos los aspirantes a entrar en la Jauja de la política, hay un trecho bastante corto que suele cruzarse sin muchas dificultades.
Pero lo peor es que en realidad podemos hacer poco o nada, pues la Historia nos dice que el descaro, el oportunismo, el "quítate tú pa' ponerme yo" y hacer lo mismo, ha existido siempre, y a estas alturas de la humanidad es casi imposible cambiar el curso de la Historia. Ni siquiera con guerras o epidemias. Así que lo mejor es desentenderse de la política y ayudar a este país haciendo cada uno lo que mejor sabe hacer: cualquier cosa, menos "meterse" en política, porque créanme: está tan podrida que al menor contacto contagia. Y para ese contagio no hay (todavía) un antídoto...
Augusto Lázaro
@lazarocasas38
Es lo que tenemos, no podemos quejarnos, ni siquiera protestar, pues si lo hacemos no faltarán quienes nos increpen con preguntas que no queremos contestar, como ¿y tú qué haces para que esto mejore? Y en realidad no hacemos nada, o por lo menos no hacemos lo que hacen otros pueblos que no están conformes con la situación que padecen. Aquí sólo hacemos amagos, algunas manifestacioncitas, reclamos, huelgas que no perjudican a los jefes y cosas por el estilo. Y con eso sólo le damos un cheque en blanco a quienes nos gobiernan para que sigan gobernándonos y enriqueciéndose gozando de los placeres de la mamandurria que parece indestructible.
Muchas veces me he sentado en casa a analizar, desapasionadamente, ¿por qué a tantas personas les atrae tanto la política? Y las preguntas que me hago no tienen respuesta, o si la tienen, siempre es negativa. Una de ellas es ¿aman de verdad al pueblo hasta el punto de sacrificarse por él altruistamente, sin escatimar esfuerzos, renuncias, horarios, problemas, etc.? Lo siento de veras, pero no lo creo. Acepto las excepciones que siempre existen, pero de ahí a que los aspirantes a "sacrificarse" por el pueblo sean todos los aspirantes a entrar en la Jauja de la política, hay un trecho bastante corto que suele cruzarse sin muchas dificultades.
Pero lo peor es que en realidad podemos hacer poco o nada, pues la Historia nos dice que el descaro, el oportunismo, el "quítate tú pa' ponerme yo" y hacer lo mismo, ha existido siempre, y a estas alturas de la humanidad es casi imposible cambiar el curso de la Historia. Ni siquiera con guerras o epidemias. Así que lo mejor es desentenderse de la política y ayudar a este país haciendo cada uno lo que mejor sabe hacer: cualquier cosa, menos "meterse" en política, porque créanme: está tan podrida que al menor contacto contagia. Y para ese contagio no hay (todavía) un antídoto...
Augusto Lázaro
@lazarocasas38
jueves, 14 de febrero de 2019
POEMA 40
FINAL DE PARTIDA
Yo moriré en Madrid de madrugada
(digamos a las cuatro)
cuando las nieves frígidas
se refocilen en mi achacosa, envejecida y torpe
anatomía.
Yo moriré en Madrid sin más, sin previo aviso:
solo como el cadáver de Vallejo,
inédito como un camello,
compartido en un espacio en el que apenas hay lugar
para mi última esperanza.
Mis amigas (Ana quizás y Leila y Radhis)
derramarán algunas lágrimas
y es posible que Rhomy se decida a incinerar mis restos
si se acuerda de que me lo prometió
cuando nos conocimos en el VIP de Fuencarral
y allá en la isla perdida no faltará quien diga
(si se entera):
"¿Augusto muerto? ¡No lo creo!"
Pero estaré bien muerto para entonces...
Sin dudas, este siglo no me ha ido bien:
me cortaron las alas de las ilusiones
desde mi improbable adolescencia,
me dejaron como única opción unirme al carro
de Saturno,
ayudando al festín de los hambrientos de poder,
traicionando a los míos, envolviendo mis días y mis
noches
en esfuerzos inútiles
de alabanza y aplauso, sin aspirar a nada más
que al privilegio de servir, servir, servir,
agradecido como un perro
por tantas y tales viandas que el poder concedía
-la gran dádiva generosísima-
a mi mesa (la mesa de los míos
cuando todavía las envidias y los odios no habían
reducido a mierda lo que fue mi hogar).
¡Ah!, si pudiera olvidarme de los latigazos
propinados a mi inteligencia,
de los consejos a mi desenfrenada lengua (siempre
viperina),
de las advertencias a este cerebro mío tan indisciplinado
que se empeñaba en nadar contra la fuerza de las aguas
y no ayudaba con sus torpes efluvios de desorden
a que mis manos aplaudieran sin cansarse.
¡Qué fin de siglo este tan tremendo!...
Ahora sólo espero la primera nevada sobre mi cabeza
para ver amanecer un nuevo siglo
-sin regodearme pensando que se me fue la vida de una
vez
quizás con un nuevo Quijote que desfaga estos entuertos
y prometa ínsulas y libertades
cuando ya no me quede más que el tiempo exacto
para verlas pasar y decirles ¡buen viaje, hermanas mías,
déjense ver en la otra vida
donde quién sabe si podré encontrar
esa oportunidad que aquí en la tierra prometida
no pude encontrar!...
Augusto Lázaro
@lazarocasas38
Madrid, 1999
(publicado en blog, Cinosargo y Facebook)
lunes, 11 de febrero de 2019
ILUSIONES VANAS
Publicado en LA ENVOLVENCIA el viernes, 9 de julio de 2010
PAPELES SON PAPELES
Cuando puso un pie en el aeropuerto de Barajas tenía muchas ilusiones, traía muchos sueños y muchas esperanzas. Como tantos. Había llegado a la tierra prometida, a la Madre Patria, al Primer Mundo. Era un soñador, y con ese viaje pensó que al fin su sueño se haría realidad. Como tantos que pensaron como él. Miró a su alrededor, comenzando a descubrir su nueva patria. Sonrió. Y se dijo: "ahora, a comerme al primer mundo"...
Pero la realidad siempre se impone a la ficción y quien vive de ilusiones muere de desengaños. O agoniza, que es peor. Los refranes casi siempre son certeros y él no era adicto a ellos. Por eso se enfrentó a la incógnita, a lo desconocido, a la aventura de buscar una nueva vida en una tierra nueva.
Y pasó diez años intentando encontrar esa nueva vida, despejar esa incógnita, vencer lo desconocido. Y triunfar, por supuesto. Pero...
En esos diez años tuvo que vivir dedicado casi totalmente a 3 asuntos:
1) hacer gestiones para sobrevivir
2) obtener documentos para seguir sobreviviendo
3) manosear papeles de todo tipo de tamaños, espesores, consistencias, formas y colores, siempre con membretes, cuños y firmas, que fueron engrosando su archivo de visitas, reuniones y entrrevistas con funcionarios públicos con los que tramitaba sus correrías por el mundo de la burocracia. Un mundo que no aparecía en sus sueños...
Diez años, una década, casi nada, de aquí para allá y de allá para acullá, caminando, sudando, subiendo y bajando escaleras en el Metro, entrando y saliendo de oficinas encargadas de mantenerlo activo (como para que no se le encogiera el corazón y le diera un infarto) y en constante movimiento, eliminando la palabra sedentarismo durante esos dos lustros, lo que nunca pudo ejercitar. El se cansaba a veces, pero los funcionarios públicos no: esos no se cansaban de pedirle papeles, documentos, certificados, hagoconstares, comprobaciones, fotocopias, y muchas veces teniendo en sus gavetas o en sus ordenadores los datos que volvían a solicitarle. "Es como para reírse", comentaba con un compañero de desgracias a la salida de una institución obligatoria...
El mejor ejemplo de su lucha contra la estupidez de la burocracia lo tuvo cuando le pidieron un certificado que acreditara la fecha de su llegada al país, certificado que ya había entregado hacía algún tiempo para otra gestión, pero que una funcionaria del MININT le informó que tenía que llevarle uno "actualizado". Chúpate esa, Marcelo. "¿Actualizado?", le preguntó a la funcionaria. "Pero señorita, ¿cómo voy a actualizar mi fecha de llegada a España, si eso no varía? Haga lo que haga y tenga la situación que tenga, la fecha en que llegué a este país va a ser siempre la misma, y esa ya está en sus controles"...
Pero ya lo dijo Hemingway: "no te atrevas a discutir con un imbécil, la gente podría pensar que son dos". Claro, no siempre se trata de un imbécil, lo que sucede es que esos funcionarios cobran sus sueldos gracias a los papeles. Imagínense que nadie pidiera papeles a nadie para nada. ¿Cuántos españoles quedarían en la calle, engrosando aún más la cifra de parados que ya causa pánico? Pues nada, a pedirle papeles a todo el mundo, que ese es su trabajo. A pesar de que mi amigo se preguntaba sin encontrar respuesta: ¿para qué sirven los enormes avances en la tecnología de la computación? Si todos los documentos que piden están registrados en esas pantallitas que ya dentro de poco te vas a encontrar hasta en los baños públicos? Con sólo pulsar una tecla ya tienen hasta los lunares que uno tiene en las nalgas...
Mi amigo no entendía ni hostias, pero quería convertirse en funcionario, ya que en ninguna otra cosa pudo convertirse para ganar un salario más o menos decoroso que le permitiera vivir como Dios manda ( y que parece que nadie obedece). Sí, funcionario público, cinco días semanales laborables muy bien pagados, digan lo que digan los protestones y los huelguistas salvajes o civilizados. Pero pasaron sus movimientos intentones y mameyes verdes. La burocracia es todopoderosa, implacable, indestructible. Pues eso, que acabó admitiendo que los papeles no se acabarían jamás. La última vez que lo vi me dijo que se largaba a otro país en busca de nuevos horizontes. No quise desanimarlo diciéndole que tal vez en ese otro país tendría que enfrentarse a lo mismo, porque eso no lo sé, ya que no vivo en otro país sino en éste, al que conozco muy bien. Nos tomamos nuestro último café, le deseé buena suerte, lo abracé, y me puse a pensar cuántos habrá como él, víctimas de un sistema tan machacador de personas que sólo buscan en sus vidas una estrella que los ilumine y les dé alguna esperanza de encontrar lo que no pudieron encontrar en sus países de origen por obra y gracia de dictaduras repugnantes o situaciones económicas insoportables. Y eso es una espina enorme que millones de seres humanos tienen que llevar clavada en sus desesperanzados corazones, mientras muchos se dan el lujo de despilfarrar dinero público, sobre todo los políticos, que son parte del tumor canceroso que padecen los pueblos...
Augusto Lázaro
@lazarocasas38
PAPELES SON PAPELES
Cuando puso un pie en el aeropuerto de Barajas tenía muchas ilusiones, traía muchos sueños y muchas esperanzas. Como tantos. Había llegado a la tierra prometida, a la Madre Patria, al Primer Mundo. Era un soñador, y con ese viaje pensó que al fin su sueño se haría realidad. Como tantos que pensaron como él. Miró a su alrededor, comenzando a descubrir su nueva patria. Sonrió. Y se dijo: "ahora, a comerme al primer mundo"...
Pero la realidad siempre se impone a la ficción y quien vive de ilusiones muere de desengaños. O agoniza, que es peor. Los refranes casi siempre son certeros y él no era adicto a ellos. Por eso se enfrentó a la incógnita, a lo desconocido, a la aventura de buscar una nueva vida en una tierra nueva.
Y pasó diez años intentando encontrar esa nueva vida, despejar esa incógnita, vencer lo desconocido. Y triunfar, por supuesto. Pero...
En esos diez años tuvo que vivir dedicado casi totalmente a 3 asuntos:
1) hacer gestiones para sobrevivir
2) obtener documentos para seguir sobreviviendo
3) manosear papeles de todo tipo de tamaños, espesores, consistencias, formas y colores, siempre con membretes, cuños y firmas, que fueron engrosando su archivo de visitas, reuniones y entrrevistas con funcionarios públicos con los que tramitaba sus correrías por el mundo de la burocracia. Un mundo que no aparecía en sus sueños...
Diez años, una década, casi nada, de aquí para allá y de allá para acullá, caminando, sudando, subiendo y bajando escaleras en el Metro, entrando y saliendo de oficinas encargadas de mantenerlo activo (como para que no se le encogiera el corazón y le diera un infarto) y en constante movimiento, eliminando la palabra sedentarismo durante esos dos lustros, lo que nunca pudo ejercitar. El se cansaba a veces, pero los funcionarios públicos no: esos no se cansaban de pedirle papeles, documentos, certificados, hagoconstares, comprobaciones, fotocopias, y muchas veces teniendo en sus gavetas o en sus ordenadores los datos que volvían a solicitarle. "Es como para reírse", comentaba con un compañero de desgracias a la salida de una institución obligatoria...
El mejor ejemplo de su lucha contra la estupidez de la burocracia lo tuvo cuando le pidieron un certificado que acreditara la fecha de su llegada al país, certificado que ya había entregado hacía algún tiempo para otra gestión, pero que una funcionaria del MININT le informó que tenía que llevarle uno "actualizado". Chúpate esa, Marcelo. "¿Actualizado?", le preguntó a la funcionaria. "Pero señorita, ¿cómo voy a actualizar mi fecha de llegada a España, si eso no varía? Haga lo que haga y tenga la situación que tenga, la fecha en que llegué a este país va a ser siempre la misma, y esa ya está en sus controles"...
Pero ya lo dijo Hemingway: "no te atrevas a discutir con un imbécil, la gente podría pensar que son dos". Claro, no siempre se trata de un imbécil, lo que sucede es que esos funcionarios cobran sus sueldos gracias a los papeles. Imagínense que nadie pidiera papeles a nadie para nada. ¿Cuántos españoles quedarían en la calle, engrosando aún más la cifra de parados que ya causa pánico? Pues nada, a pedirle papeles a todo el mundo, que ese es su trabajo. A pesar de que mi amigo se preguntaba sin encontrar respuesta: ¿para qué sirven los enormes avances en la tecnología de la computación? Si todos los documentos que piden están registrados en esas pantallitas que ya dentro de poco te vas a encontrar hasta en los baños públicos? Con sólo pulsar una tecla ya tienen hasta los lunares que uno tiene en las nalgas...
Mi amigo no entendía ni hostias, pero quería convertirse en funcionario, ya que en ninguna otra cosa pudo convertirse para ganar un salario más o menos decoroso que le permitiera vivir como Dios manda ( y que parece que nadie obedece). Sí, funcionario público, cinco días semanales laborables muy bien pagados, digan lo que digan los protestones y los huelguistas salvajes o civilizados. Pero pasaron sus movimientos intentones y mameyes verdes. La burocracia es todopoderosa, implacable, indestructible. Pues eso, que acabó admitiendo que los papeles no se acabarían jamás. La última vez que lo vi me dijo que se largaba a otro país en busca de nuevos horizontes. No quise desanimarlo diciéndole que tal vez en ese otro país tendría que enfrentarse a lo mismo, porque eso no lo sé, ya que no vivo en otro país sino en éste, al que conozco muy bien. Nos tomamos nuestro último café, le deseé buena suerte, lo abracé, y me puse a pensar cuántos habrá como él, víctimas de un sistema tan machacador de personas que sólo buscan en sus vidas una estrella que los ilumine y les dé alguna esperanza de encontrar lo que no pudieron encontrar en sus países de origen por obra y gracia de dictaduras repugnantes o situaciones económicas insoportables. Y eso es una espina enorme que millones de seres humanos tienen que llevar clavada en sus desesperanzados corazones, mientras muchos se dan el lujo de despilfarrar dinero público, sobre todo los políticos, que son parte del tumor canceroso que padecen los pueblos...
Augusto Lázaro
@lazarocasas38
jueves, 7 de febrero de 2019
VIVIR O PARECERLO
NO SE SI ESTARE VIVO TODAVIA
Ya no tomo café
("el néctar negro de los dioses blancos")
y sin tomar café fumar es una tontería
por lo que ya tampoco fumo.
Ya no compro periódicos
(leo los gratuitos
y los otros en una biblioteca pública).
Ya no voy al cine ni al teatro ni disfruto
de algún espectáculo de entretenimiento.
Ya no llamo a nadie por teléfono
(una rabia impotente cuando Telefónica se engulle mis
monedas
descaradamente
sin yo haber hecho contacto con el número marcado).
Ya no aspiro a comerme una pizza sangandonga y jugosa,
ya no miro los escaparates repletos de ofertas,
ya no me ilusiono con el universo astronómico del
planetario
o con el mundo fascinante de la enorme pantalla
del Imax
ni hago planes para unas vacaciones en las playas
del Mediterráneo
(aunque yo siempre estoy de vacaciones
por supuesto sin playa y sin Mediterráneo).
Ya ni siquiera busco empleo en los rotograbados
de Segunda Mano
ni tampoco creo que la suerte es loca
(porque a cualquiera no le toca).
Y lo peor: ya renuncié a la idea de que un día cercano
(o quizás no tan cercano, pero día al fin)
publicaré mis obras...
Todos esos verbos me han jugado
la mala pasada del ilusionismo
sin ser magos
o de la ingenuidad, que es muchísimo
peor,
porque yo soy un exiliado
y un exiliado pobre con sesenta años y un subsidio
ridículamente generoso
no puede aspirar más que a un golpe en la espalda
(cariñoso, por cierto)
y un "vamos, hombre, anímate" con una sonrisa
o si acaso una mirada compasiva o una invitación
a un café fuerte en el bar de la esquina.
Por eso me pregunto y no puedo
responderme a mí mismo
si estaré vivo todavía...
Augusto Lázaro
@lazarocasas38
(publicado en El Cuiclo en 2010)
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